¿Cuánto influye el tipo de anafe en la energía que utilizamos para cocinar? Un ensayo del Laboratorio de UTE comparó tres tecnologías y encontró diferencias importantes en el tiempo, el consumo y el costo de realizar una misma tarea.
Cocinar forma parte de nuestra vida cotidiana y representa una porción importante de la energía que consumimos en nuestros hogares. Según el Balance de Energía Útil del sector residencial 2023, elaborado por la Dirección Nacional de Energía (DNE) del Ministerio de Industria, Energía y Minería (MIEM), la cocción representa el 17,1% del consumo de energía de los hogares uruguayos.
Pero ¿todos los anafes necesitan la misma cantidad de energía para cocinar?
Para conocer mejor estas diferencias, el Laboratorio de UTE realizó un ensayo comparando tres tecnologías: un anafe eléctrico de inducción, uno eléctrico resistivo y uno a supergás.
La prueba fue sencilla: calentar un litro y medio de agua hasta alcanzar el hervor, utilizando la misma olla y condiciones comparables. Cada tecnología fue evaluada tres veces para medir cuánto tiempo y cuánta energía necesitaba para obtener el mismo resultado.
El anafe de inducción fue el más rápido: necesitó, en promedio, 4 minutos y 53 segundos para hervir el agua. Le siguió el supergás, con 7 minutos y 30 segundos, mientras que el resistivo demoró 9 minutos y 2 segundos.
Sin embargo, calentar más rápido no significa necesariamente consumir menos energía.
Aunque el anafe a supergás logró hervir el agua antes que el resistivo, necesitó consumir más energía para hacerlo. Esto se debe a que la velocidad de calentamiento y el aprovechamiento de la energía son dos características diferentes.
En el ensayo, el anafe de inducción alcanzó una eficiencia del 78%, frente al 46% del resistivo y el 41% del supergás. Estos porcentajes indican qué proporción de la energía consumida se aprovechó efectivamente para calentar el agua.
En otras palabras, la inducción consiguió combinar ambas ventajas: calentó el agua en menos tiempo y necesitó menos energía para hacerlo. De hecho, consumió aproximadamente un 40% menos de energía que el anafe resistivo y un 47% menos que el supergás.
Pero ¿estas diferencias también se reflejan en el costo de cocinar?
Para responder esa pregunta, tomamos los consumos registrados durante el ensayo y los precios oficiales de la electricidad y el supergás vigentes en octubre de 2026, con impuestos incluidos.
En el caso de la electricidad, consideramos dos escenarios: la Tarifa Residencial Simple, utilizando el tramo de consumo de 101 a 600 kWh mensuales, y la Tarifa Residencial Doble Horario, durante el período fuera de punta.
El anafe de inducción fue el más económico en ambos casos. Hervir el litro y medio de agua costó aproximadamente $1,73 con Tarifa Residencial Simple y $0,98 con Doble Horario fuera de punta, frente a los $2,15 del supergás.
El anafe resistivo mostró un resultado diferente. Con Tarifa Residencial Simple, la misma tarea costó $2,91, pero con Doble Horario fuera de punta el costo bajó a $1,64, por debajo del supergás.
Estos resultados muestran que la eficiencia de un equipo influye en el consumo, pero su conveniencia económica también depende del precio que pagamos por la energía.
A primera vista, diferencias de uno o dos pesos pueden parecer poco relevantes. Sin embargo, es importante recordar que el ensayo no buscaba representar todo lo que cuesta cocinar en un hogar, sino comparar tres tecnologías realizando exactamente la misma tarea. Ahora, conociendo la relación proporcional entre los distintos equipos, cada cual puede extenderlo al uso mensual que da a su anafe, ya que en nuestra cocina no calentamos únicamente un litro y medio de agua. Hervimos alimentos, preparamos salsas, cocinamos a distintas temperaturas y utilizamos los anafes durante períodos muy diferentes. Son actividades que se repiten a lo largo de los días y los meses.
Por eso, aunque no sería correcto multiplicar directamente los resultados del ensayo para estimar cuánto puede ahorrar una familia ya que las costumbres de cada hogar pueden ser extremadamente distintas entre sí, las diferencias de consumo entre tecnologías se acumulan con el uso cotidiano. Su impacto dependerá de qué cocinamos, con qué frecuencia, durante cuánto tiempo y de la tarifa eléctrica que tengamos contratada.
Sabemos que elegir un anafe no depende únicamente de cuánto cuesta utilizarlo. También importan el precio del equipo, sus características, los recipientes que utilizamos y las necesidades de cada hogar.
Por este motivo es que, para quienes estén pensando en renovar su cocina o incorporar una tecnología eléctrica, el Plan Redondo de UTE incluye anafes de inducción y, en su nueva edición, también anafes eléctricos resistivos, ampliando las alternativas que pueden acceder al beneficio para la adquisición de estos equipos.
Los resultados del laboratorio refuerzan la idea de que antes de elegir cómo cocinar, vale la pena mirar más allá del precio del equipo y considerar también su rendimiento, el consumo de energía y el costo de uso. Porque, aunque el resultado en nuestra cocina sea el mismo, la energía que necesitamos para conseguirlo puede ser muy diferente.
Conocé más sobre los equipos incluidos y las condiciones del beneficio en Plan Redondo de UTE.